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Leonilde Moncaldo de Navarro

Nilde Navarro puede ser considerada, a partir de los testimonios disponibles, una figura significativa para la historia de la enseñanza del piano y de la práctica musical en Formosa durante buena parte del siglo XX.

Su importancia está en la combinación de docencia, interpretación, música religiosa, actividad social y transmisión intergeneracional.

Pero existe además una dimensión material excepcional: el piano que acompañó esa trayectoria.

Durante décadas, ese instrumento fue utilizado para enseñar a niños y adultos, preparar repertorios, acompañar celebraciones, interpretar música religiosa y popular, participar de actividades del Club Social y recibir a músicos y cantantes.

Por eso, la historia de Nilde y la historia del piano son prácticamente inseparables.

El piano permite seguir las huellas de Nilde; y la trayectoria de Nilde permite comprender el lugar que ese piano ocupó en la vida cultural de Formosa.

El paso siguiente debería ser transformar estos recuerdos en una biografía documental de Nilde Navarro, con una cronología precisa, fotografías, identificación del piano, catálogo de alumnos, repertorio, instituciones en las que actuó y testimonios de quienes aprendieron con ella. De ese modo, la memoria familiar podría convertirse en una fuente para la historia de la pedagogía pianística y de la cultura musical de Formosa.

Galería de Maestros

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Ofelia Protto de Durante

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Ada Gaspar de Villada

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La vida de Ofelia constituye un testimonio de la importancia que tuvo la enseñanza privada del piano en la construcción de la cultura musical de Formosa.

Su historia comienza antes de ella misma, en una tradición familiar vinculada con Matilde María Varese de Proto, formada en el Conservatorio Santa Cecilia de Italia. Continúa en Buenos Aires, donde Ofelia recibió una sólida formación en el Instituto de Alberto Williams, y posteriormente se proyecta sobre Formosa a partir de su llegada alrededor de 1947.

En Rivadavia 927, su casa se convirtió en conservatorio. Allí, durante décadas, el piano fue el centro de una actividad pedagógica sostenida. Los alumnos recibían una formación rigurosa, especialmente en técnica, postura y disciplina, pero también encontraban una docente reconocida por su trato afectuoso y por su generosidad.

Ofelia no solamente enseñaba a tocar.

Transmitía una cultura musical.

Entregaba partituras, discos y repertorio; ponía materiales en circulación; formaba pianistas; participaba de redes musicales; colaboraba con instituciones y, finalmente, recibió reconocimiento del Instituto Superior de Arte.

Su legado permanece actualmente disperso entre familiares, antiguos alumnos y colegas. Por ello, la reconstrucción de su historia requiere localizar esos fragmentos y volver a reunirlos documentalmente.

La recuperación de fotografías, partituras, discos, testimonios y eventualmente grabaciones permitiría reconstruir no solamente la biografía de Ofelia, sino también una parte de la historia de la enseñanza del piano en Formosa durante el siglo XX.

Y existe una dimensión particularmente valiosa: el lugar donde enseñó todavía puede ser investigado, sus materiales todavía pueden estar circulando y sus discípulos todavía pueden conservar recuerdos directos.

Por eso, recuperar a Ofelia no significa solamente recordar a una gran profesora de piano. Significa recuperar una cadena de transmisión musical: la que comenzó en una tradición europea, pasó por el Conservatorio Santa Cecilia y el Instituto Alberto Williams, llegó a Formosa y, a través de Ofelia, continuó en sus alumnos y en las generaciones posteriores.

Formación en

Ada Gaspar fue una pianista, docente y formadora musical cuya vida estuvo profundamente ligada al desarrollo cultural de Formosa. Nació en Resistencia, Chaco, y llegó a Formosa siendo muy pequeña, donde creció como la hija mayor de una familia que cultivaba la música, la lectura y el intercambio cultural como parte de la vida cotidiana.

Comenzó a estudiar piano desde niña con Ana Litovsky, una maestra europea de sólida técnica. Más tarde se vinculó con la formación musical del Santa Isabel, institución relacionada con el Instituto Santa Cecilia. Hacia fines de 1948 ya había concluido su profesorado de piano y su formación como maestra normal, egresando con uno de los mejores promedios entre las primeras maestras de Formosa.

Desde muy joven fue reconocido como un talento pianístico. Participó en conciertos de piano y en presentaciones a dos pianos junto a Chita Pedroso en el Club Social de Formosa, dentro de una intensa vida artística que incluyó recitales en el Santa Isabel, la Biblioteca Popular y otros espacios de la ciudad. Su repertorio abarcaba autores como Mendelssohn, Chopin y Beethoven, además de danzas, polonesas, sonatas y tangos. Se destacaba por su amplio repertorio, su lectura a primera vista y su costumbre de tocar personalmente cada obra que asignaba a sus alumnos.

La enseñanza del piano fue una de sus vocaciones centrales. Dictaba clases particulares en su casa, donde enseñaba piano, teoría, solfeo y armonía . Era una docente exigente, especialmente atenta a la técnica, al repertorio ya la preparación seria de cada estudiante. Para Ada, las clases no debían improvisarse: requerían estudio, ensayo y respeto por la música y por quienes aprendían.

También desarrolló una amplia tarea en la educación formal. Fue maestra de séptimo grado en la Escuela 66, enseñó música en la Santa Isabel hasta el nacimiento de su quinta hija y dictó cátedras de música en el profesorado de la Escuela Normal. Posteriormente se apoyó en Historia de la Música e Historia del Arte en el profesorado de música. Participó además en la elaboración de los primeros lineamientos curriculares de música para las escuelas primarias, luego de ser seleccionado por concurso.

Su labor pedagógica incorporó enfoques renovadores: realizó en Buenos Aires un curso de audioperceptiva, introdujo esos recursos en su enseñanza y los aplicó activamente. También brindó cursos de audioperceptiva a profesores de música y maestros de grado del interior, adaptando los contenidos a las necesidades de cada grupo docente.

Ada Gaspar mantuvo simultáneamente una intensa actividad musical religiosa. Fue una de las primeras organistas de la Catedral y de Don Bosco, donde tocaba órganos de fuelle, organizaba coros y preparaba celebraciones, pesebres vivientes y villancicos. Aun en sus últimos años continuó ensayando y tocando en misa; el día anterior al ACV que la dejó hemipléjica había ido a tocar con su teclado.

Su legado une la interpretación pianística, la formación de alumnos, la innovación pedagógica y la convicción de que la música es una práctica para toda la vida. No se indican en el material las fechas exactas de su nacimiento y fallecimiento.

composición contemporánea.

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Amalia Creus

La vida de Amalia Creus puede ser comprendida como la historia de una música y docente que participó activamente en la construcción de una cultura musical regional.

Nacida en Santo Tomé en 1938, formada en el ámbito universitario santafesino y enriquecida por experiencias internacionales, desarrolló junto a Guillermo Bonet Müller una trayectoria que se proyectó especialmente sobre el Chaco y el nordeste argentino.

Su relación con el piano debe situarse dentro de una concepción más amplia de la educación musical. El piano no era un fin aislado, sino una herramienta de formación, acompañamiento, música de cámara, preparación de repertorio y acceso a una cultura musical más amplia.

Su actividad docente se integró con la creación de orquestas, la formación de jóvenes músicos, la música de cámara, la producción operística y la organización de conciertos.

Y hay un elemento que define especialmente su legado: la música debía llegar a las personas.

Por eso se realizaron conciertos en bibliotecas populares, espacios patrimoniales y hasta en contextos de encierro. La elección de estos lugares expresa una concepción de la música académica como patrimonio compartido, no reservado a determinados sectores sociales.

El legado de Amalia se encuentra, por tanto, en varios niveles:

en sus alumnos, en sus colegas, en las instituciones, en las orquestas, en los conciertos, en la enseñanza y en la memoria de quienes participaron de aquella experiencia musical.

Los homenajes posteriores —como las aulas que llevan su nombre y el reconocimiento institucional compartido con Guillermo— muestran que aquella labor dejó una huella duradera.

Sin embargo, queda todavía una tarea específica por realizar: reconstruir documentalmente a Amalia como pianista y pedagoga, identificando sus maestros, repertorio, alumnos, métodos de enseñanza, actuaciones y materiales conservados. Esa investigación permitiría completar la historia de una mujer cuya actividad formó parte de la transformación de la enseñanza y de la práctica musical del nordeste argentino durante la segunda mitad del siglo XX.

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Chita Pedroso

Chita Pedroso vivió hasta los 89 años. Su trayectoria permite reconstruir una parte importante de la historia musical y cultural de Formosa: la de los músicos que desarrollaron simultáneamente actividades de concierto, música social, acompañamiento, enseñanza y formación de nuevas generaciones.

Su figura representa además una época en la que el piano ocupaba un lugar central tanto en los espacios familiares como en las instituciones educativas, los clubes, restaurantes, iglesias y reuniones sociales.

Pero el recuerdo de Chita no se conserva únicamente por su virtuosismo, su repertorio o sus actuaciones. Su legado permanece también en quienes aprendieron con ella y en quienes recuerdan su capacidad para enseñar, acompañar y abrir oportunidades.

Por eso, la denominación «la dama del piano» adquiere un sentido que va más allá de la imagen de una pianista que dominaba el instrumento. Chita Pedroso fue una intérprete de gran versatilidad, una docente de numerosas generaciones y una figura vinculada profundamente a la vida cultural de Formosa.

Su historia permite comprender cómo una vocación nacida en la infancia —frente a un piano comprado inicialmente para su madre— pudo transformarse en una vida entera dedicada a la música, la enseñanza y la formación de otros.

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Elia del Valle Valdéz

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